Son las 7 a.m. de un día de la semana. El sol está empezando a salir, proyectando largas sombras sobre la preparatoria mientras las empleadas de la cocina entran al campus. Preparan sus estaciones, arreglan la cocina y alistan todo para que los estudiantes y el personal de la escuela tengan el estómago lleno durante el día.
La historia de Coby:
Coby Martínez es una de las ocho trabajadoras de la Cafetería NGC que hacen realidad el sueño de contar con comida caliente todos los días.
Antes de trabajar aquí, Martínez fue trabajadora comercial durante más de 40 años, pero siempre había deseado trabajar en una escuela. Después de que nacieron sus tres nietos, ella decidió solicitar un puesto en la escuela. Este es su quinto año trabajando aquí.
“Yo siempre he querido trabajar en una escuela”, Martínez dijo. “Fui afortunada de conseguir este trabajo y estoy súper feliz haciendo lo que quería hacer hace 20 años”.
Cuando empezó este empleo, Martínez seguía trabajando en su puesto comercial. Ella explicó que era común tener otro empleo además del trabajo en la cafetería. Sin embargo, no pudo seguir atendiendo ambos trabajos, ya que necesitaba cuidar a su mamá de 90 años.
“Decidí quedarme en la escuela”, Martínez dijo. “[Las horas] son perfectas, de 7 a.m. a 2 p.m., [así] puedo cuidar a mi mamá temprano y regresar por la tarde”.
Lo primero que hace Martínez cuando llega a la escuela es limpiar y desinfectar todo.
“Esa es la cosa más importante: desinfectar”, Martínez dijo. “Así todos [no] se enferman”.
Después de limpiar su área, Martínez realiza sus dos tareas asignadas: limpiar la leche de chocolate y rellenar las papas. Después procede a hornear las galletas.
“Las galletas son frescas cada mañana”, Martínez dijo, “cuando hago las galletas, no han estado afuera por un día; son frescas.”
En la Cafetería NGC hay cinco empleados: dos asistentes y una supervisora que gestiona ambas cafeterías. Con el fin de que estas sigan abiertas, todas las empleadas se dividen el trabajo.
“La mejor cosa de este trabajo es que las compañeras lo hacen tan fácil, [ellas] hacen que me quiera quedar aquí”, Martínez dijo. “[Aparte de ellas], los estudiantes, las maestras — todos son increíbles.”
Antes de que el personal de la cafetería salga de trabajar, se asegura de limpiar y desinfectar todo para que esté listo para el siguiente día.
“Estoy feliz”, Martínez dijo. “He venido desde muy lejos y nunca he estado tan feliz en mi vida. Simplemente amo esta escuela. Los estudiantes son fantásticos. Siempre trato de tener una sonrisa en la cara para hacer felices a los estudiantes”.
La historia de Eva:
Al lado de Martínez está Eva Castillo también trabajando arduamente en la Cafetería NGC. Ella forma parte del personal de la cafetería y ha trabajado en la escuela desde hace más de 16 años.
Antes de trabajar aquí, Castillo era limpiadora de casas. En el 2010, su cuñada, quien trabajaba también en la escuela, la motivó a postular a un puesto en la cafetería.
“Ella fue la que me ayudó a entrar aquí”, Castillo dijo.
Ahora, Castillo forma parte integral del personal. Usualmente, ella se encarga de la línea principal del desayuno y lunch.
“Todo me gusta”, Castillo dijo.
Cuando empezó este trabajo, Castillo se sentía muy perdida y confundida. Como todo trabajo nuevo, ella explicó, es un poco difícil acostumbrarse a él.
“Ya te [habías] acostumbrado a tu otro trabajo”, Castillo dijo, “[pero cuando] ya sabes qué hacer, ya se te hace más fácil.”
La primera cosa que Castillo hace al llegar a la escuela es limpiar su área a fondo. Después se dispone a preparar el desayuno del día.
“Lo del breakfast, regularmente, lo hago para [los siguientes] dos días”, Castillo dijo. “Lo dejo preparado para que en la mañana nomás llegue a prepararlo.”
Cuando prepara el almuerzo, procura hacerlo al menos un día antes.
“[Lo hacemos así] porque si lo cocinamos el mismo día, pues no alcanza a estar listo”, Castillo dijo.
Ya que el menú cambia constantemente, hay algunas cosas que resultan más difíciles de hacer, mientras que otras son más fáciles.
Un ejemplo de este tipo de comida son las enchiladas. Cuando Castillo las prepara, lo hace desde la salsa hasta la carne, lo que lleva tiempo. En cambio, los nachos son su comida favorita para hacer.
“Los nachos los hemos estado haciendo desde que entré aquí”, Castillo dijo. “Es lo que se me hace más [fácil] ya que tengo años haciéndolos.”
La historia de María:
En el otro lado de la cafetería, María González trabaja duro todos los días para que la barra de ensaladas esté abierta.
Desde que González se mudó de Aguascalientes, México, a los Estados Unidos, siempre soñó con trabajar en una escuela. Mientras llevaba a sus hijas a la primaria, se le ocurrió trabajar en una cafetería escolar.
”Yo veía a las trabajadoras, y yo decía: ‘a mí se me antoja trabajar algún día en una cafetería’”, González dijo.
La oportunidad de trabajar en una cafetería se le presentó en su trabajo anterior en Chick-fil-A cuando una de sus compañeras llevaba sándwiches a la preparatoria. Después de averiguar que había una vacante como trabajadora de cafetería, González se postuló al puesto y la obtuvo.
“Yo digo que este trabajo es enviado por Dios porque siempre le pedía un cambio”, Gonzáles dijo.
Aunque usualmente trabaja en la línea de ensaladas, González siempre prefiere ser cajera.
“Aunque no sé muy bien el inglés, me gusta saludar a los niños”, Gonzáles dijo. “Se me hace muy bonito.”
Algunas semanas, además de su trabajo en la línea de ensaladas, González y el resto del personal de la cafetería se encargan de limpiar algunos espacios, como los baños.
“Eso, yo creo que es lo más difícil”, Gonzáles dijo, “[pero] yo pienso que nada es difícil mientras lo hagas con amor”.
